No mires abajo – William Sansom

ISBN: 978-987-1739-35-6
Páginas: 176
Traducción Teresa Arijón

 

Gran maestro de los espacios de peligro, de las cornisas y las grietas, William Sansom resume su experiencia vital y su imaginación incomparable en estos relatos únicos. Como en algunos cuentos de Kafka, su precursor admirado, Sansom se toma el trabajo de armar una situación terrible y transmitirla con palabras exactas. Ni más ni menos. Proyecto y ejecución comparten la misma energía, la misma fuerza centrípeta, y el desborde lo produce la inestabilidad del acontecimiento, la perfecta construcción de “un” accidente.

En una Roma fantasmagórica, una mujer nos conduce al cuarto oscuro del misterio. Un hombre en busca de una aventura en Niza casi no puede sobrevivir a la felicidad que lo embarga. Un bombero queda subyugado por el derrumbe de un edificio en llamas mientras los alemanes bombardean Londres.

La suma de las partes de No mires abajo provoca sorpresa y perturbación. El autor que deslumbró a escritores tan distintos como Ray Bradbury y Stephen King es un secreto a voces; su olvido en la literatura en castellano, un verdadero enigma.

 

En todo relato debe haber un acto de magia, y en eso Sansom es un maestro evidente.
Elizabeth Bowen

Los relatos de Sansom enseñan al lector a mirar con nuevos ojos el mundo de las sensaciones visuales.
Anthony Burgess

La escritura del señor Sansom nos interesa porque está siempre en pleno trabajo. Como un microscopio, un sismógrafo, una antena o un arpa, puede atrapar fluctuaciones y detalles que el resto de los mortales nos perdemos.
Eudora Welty


 

William Sansom nació en Londres en 1912. Considerado uno de los mejores cuentistas ingleses de la posguerra, Sansom tardó en establecer su vocación. De joven viajó por Europa, trabajó en un banco y fue redactor publicitario. Durante la Segunda Guerra Mundial, se alistó como bombero voluntario –particularidad que lo vincula a otro gran escritor inglés, Henry Green, admirador de Sansom– y prestó servicio en Londres durante los bombardeos alemanes. Esa experiencia la contó en sus ficciones y crónicas con un grado de precisión y verosimilitud perturbadoras. Un ejemplo es “La pared” (incluido en esta antología), el primer cuento que publicó gracias a que un amigo lo hizo llegar en secreto a la revista Horizon. Terminada la guerra, Sansom se dedicó por completo a la literatura. Fue un autor muy prolífico. Escribió novelas –The Face of Innocence, The Body–, colecciones de cuentos –Fireman Flower, Three, Something Terrible, Something Lovely–, crónicas de viajes, libros infantiles y una biografía de Marcel Proust. Su obra revela el genio de un escritor que adopta modalidades y estilos muy distintos en cada uno de los géneros que explora. Fue actor amateur y se casó con la actriz Ruth Grundy. Escribió para el cine, el teatro y la televisión. Gozó en vida del sereno reconocimiento de sus contemporáneos más famosos y dio curso a su sentido de la observación en libros autobiográficos, entre los que se destaca el de su viaje a Escandinavia, The Icicle and the Sun. Murió en 1976.

No mires abajo de William Sansom

$720
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No mires abajo – William Sansom

ISBN: 978-987-1739-35-6
Páginas: 176
Traducción Teresa Arijón

 

Gran maestro de los espacios de peligro, de las cornisas y las grietas, William Sansom resume su experiencia vital y su imaginación incomparable en estos relatos únicos. Como en algunos cuentos de Kafka, su precursor admirado, Sansom se toma el trabajo de armar una situación terrible y transmitirla con palabras exactas. Ni más ni menos. Proyecto y ejecución comparten la misma energía, la misma fuerza centrípeta, y el desborde lo produce la inestabilidad del acontecimiento, la perfecta construcción de “un” accidente.

En una Roma fantasmagórica, una mujer nos conduce al cuarto oscuro del misterio. Un hombre en busca de una aventura en Niza casi no puede sobrevivir a la felicidad que lo embarga. Un bombero queda subyugado por el derrumbe de un edificio en llamas mientras los alemanes bombardean Londres.

La suma de las partes de No mires abajo provoca sorpresa y perturbación. El autor que deslumbró a escritores tan distintos como Ray Bradbury y Stephen King es un secreto a voces; su olvido en la literatura en castellano, un verdadero enigma.

 

En todo relato debe haber un acto de magia, y en eso Sansom es un maestro evidente.
Elizabeth Bowen

Los relatos de Sansom enseñan al lector a mirar con nuevos ojos el mundo de las sensaciones visuales.
Anthony Burgess

La escritura del señor Sansom nos interesa porque está siempre en pleno trabajo. Como un microscopio, un sismógrafo, una antena o un arpa, puede atrapar fluctuaciones y detalles que el resto de los mortales nos perdemos.
Eudora Welty


 

William Sansom nació en Londres en 1912. Considerado uno de los mejores cuentistas ingleses de la posguerra, Sansom tardó en establecer su vocación. De joven viajó por Europa, trabajó en un banco y fue redactor publicitario. Durante la Segunda Guerra Mundial, se alistó como bombero voluntario –particularidad que lo vincula a otro gran escritor inglés, Henry Green, admirador de Sansom– y prestó servicio en Londres durante los bombardeos alemanes. Esa experiencia la contó en sus ficciones y crónicas con un grado de precisión y verosimilitud perturbadoras. Un ejemplo es “La pared” (incluido en esta antología), el primer cuento que publicó gracias a que un amigo lo hizo llegar en secreto a la revista Horizon. Terminada la guerra, Sansom se dedicó por completo a la literatura. Fue un autor muy prolífico. Escribió novelas –The Face of Innocence, The Body–, colecciones de cuentos –Fireman Flower, Three, Something Terrible, Something Lovely–, crónicas de viajes, libros infantiles y una biografía de Marcel Proust. Su obra revela el genio de un escritor que adopta modalidades y estilos muy distintos en cada uno de los géneros que explora. Fue actor amateur y se casó con la actriz Ruth Grundy. Escribió para el cine, el teatro y la televisión. Gozó en vida del sereno reconocimiento de sus contemporáneos más famosos y dio curso a su sentido de la observación en libros autobiográficos, entre los que se destaca el de su viaje a Escandinavia, The Icicle and the Sun. Murió en 1976.